La escuela que buscamos debe ser una escuela propia, que tenga en cuenta nuestras realidades, nuestra historia, nuestras posibilidades y nuestras carencias. En concreto, vislumbramos la opción de escuela que estamos construyendo como una alternativa para la transformación de la sociedad, como una posibilidad para lograr una sociedad más justa y menos inequitativa, más investigadora y menos repetidora; si bien, con los ojos puestos en las posibilidades universales, con los pies muy firmes en nuestras realidades nacionales.